Libros | Los mundos de Aurora


Comparto con los amigos lectores de la Aquateca, la nota Los mundos de Aurora, mi columna sobre libros en la edición de septiembre de la Revista Travel Magazine. También pueden leerla en formato revista (PDF) haciendo click en la imagen de arriba. Irán derecho a la versión digital y podrán ver la impecable estética característica de esta nueva publicación sobre cultura y viajes. Sino, pueden leerla completa acá... 

Los mundos de Aurora

Esta vez compartimos dos libros de la escritora platense Aurora Venturini, ignorada por el mundo editorial hasta hace unos años cuando ganó, a los noventa años, un premio de “nueva novela”. Audaz en la elección y tratamiento de los temas e innovadora desde lo formal, Venturini nos muestra en “Las Primas” y en “Nosotros, los Caserta” dos micro mundos familiares enfermizos y monstruosos aunque no exentos de belleza y poesía. 
El año pasado me regalaron una novela corta llamada Las primas. La amiga que me la trajo dijo que la había comprado por lo que leyó en la contratapa. “...Hay violaciones, embarazos no deseados, separaciones violentas, mortales sexos orales, asesinatos. En resumen: una novela idealista e ideal”, leí más tarde, y a raíz de esas frases también me enganché. Enseguida comencé a leerla. 

Las primas resultó ser una especie de elixir extraño. Te lo bebes casi sin darte cuenta y, de pronto, te encuentras en el caleidoscopio que representa la vida de Yuna, de ahí en más la historia es imparable. Imaginativa, abrumadora y envolvente, Aurora Venturini, la autora del libro, despliega sus mejores recursos de narradora y te lleva sin ningún tropiezo hasta el final.

Yuna es una chica con problemas mentales. Desde el principio te lo dice, así, de lo más tranquila. Usa palabras grandilocuentes, que busca en el diccionario para no equivocarse, casi no aplica signos de puntuación, porque la obligan a detenerse y eso podría hacer que perdiera el hilo de la historia. Con esa candidez te introduce en el mundo bizarro de su familia que la verdad si nos fijamos bien, no es tan diferente a cualquier otra. Vive con su hermana, Betina, bastante deforme y mucho más retrasada que ella, su madre, una maestra de  puntero y guardapolvo que carga consigo “olvido y monstruos” y Rufina, la morochita que oficia “de ama de casa consecuente”. Además, tiene dos “primitas imbeciloides”, por nombrar algunos de los componentes del abanico familiar. El relato, a pesar de esa aparente simpleza, es terrible y poético al mismo tiempo, quizás porque Yuna es una artista plástica, a pesar de su minusvalía. Cómo llega a serlo es parte del encanto de la novela.

Las primas es un mundo extraordinario creado por esta autora platense que hoy tiene cerca de 90 años. Y que, recién en 2007 ganó el premio “Nueva Novela” de Página/12, toda una ironía. Quizás, un poco por eso, me obsesioné con su narrativa. Lo siguiente fue investigar. Me encontré con que Las primas no era el primer libro de la autora, al contrario, tenía más de treinta títulos publicados y una vida tan rica que daba vértigo. Ya era una escritora de culto en La Plata, antes de ganar el premio, ahora se convirtió en una escritora “de moda”. 

Como no tengo la intención de armar su biografía sino comentarles un poco sobre sus libros, voy a tratar de ceñirme al itinerario “Mundos de Aurora”, si es que me regalan la posibilidad de comparar la narrativa de la autora con un viaje. La primera parada fue Las primas, sobre la que ya conté. La segunda es Nosotros, los Caserta, otra joyita narrativa.

Este último libro fue publicado, originalmente, antes de Las primas, pero fue re-editado por Mondadori luego del “descubrimiento” de la autora en 2007. La novela está llena de música, de poesía, y también la compone una familia, otro mundo donde clavar la banderita de la bizarres. La protagonista, narradora en primera persona, es Chela, María Micaela Stradolini, una superdotada “primogenita flaca y morena, puro ojos” que se siente desplazada por su hermana, rubia y casi perfecta, a los ojos de los otros. Luego nacerá el hermano deforme, “un bicho infame”, según ella misma dice, pero eso será más tarde, cuando Chela ya es considerada una excéntrica y monstruosa criatura, a quien nadie soporta porque come con las manos, no se baña y parafrasea versos de Rimbaud a los gritos. Así transcurre su infancia, llena de exageraciones, en una quinta que posee la familia en La Plata. Ella es una niña bien y como cualquiera es caprichosa. Sin embargo, sus padres no la comprenden, nunca la comprenderan. La única que llega a entedenderla, y a quererla, es otro bicho raro, su tía abuela Angelina, a quien encuentra luego de una larga búsqueda y después de haber viajado por Chile, París y Sicilia. En cada uno de esos lugares conoce seres extraordinarios que la marcan. Chela termina convirtiéndose en una aristócrata maldita y lo acepta porque no le queda otra, su vida es todo melodrama, como los “pechitos” de Santa Ágata que le ofrecen al llegar a Caserta. “Golosinas como tetitas amputadas, chorreando azúcar carmesí”, dice. Y acota: “Hasta los dulces son trágicos”. Un personaje querible y abominable al mismo tiempo. En algunos pasajes la sentimos incomprendida, solitaria: “Yo era una bestia hambrienta, un friolento animal en duelo a punto de aullar”. En otros es un ser terrible al que agarraríamos a cachetazos si pudieramos, pero no deja de ser conmovedora, otro típico personaje de los que componen los mundos de Aurora. Su narrativa, como ella misma dice, es dura “porque la vida es dura”. Eso podría decirlo cualquiera, la diferencia es que Aurora Venturini lo demuestra en sus libros con una precisión abrumadora y sin tapujos.